Si la polución marina no es motivo suficiente para dejar de comprarlos, la Universidad de Harvard (EE UU) acaba de publicar un artículo con tres razones por las cuales se debe evitar su uso en los oídos (basándose en un informe de la Academia Americana de Otorrinolaringología):

1. Pierde el tiempo

Aunque suelen asociarse con los oídos, estos bastoncillos de algodón fueron diseñados para cumplir otras funciones, entre las que se incluye la cura de heridas pequeñas. Utilizarlos para tratar de frenar la aparición o acumulación de cera es un error, ya que esta parte del cuerpo, en concreto, no requiere ningún tipo de mantenimiento, según informa la Organización Mundial de la Salud (OMS). Es un órgano que se limpia por sí solo.

2. Es peligroso

Su mal uso provoca daños en el canal auditivo. De hecho, algunos envases así lo advierten. Si empuja y acumula el cerumen en su interior, puede sufrir infecciones dolorosas.

3. La cera no es sinónimo de suciedad

La lista de funciones del cerumen no es corta. Además de ser un hidratante natural que evita que se reseque la piel en el interior del oído, también frena la acumulación de polvo en el canal auditivo, previene infecciones y absorbe células muertas. Y si padece una acumulación excesiva de cera (ceruminosis), déjese de bastoncillos y acuda a un profesional. Palabra de Harvard.