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Pretelt, Ordóñez, Acore, etc

     Cada cual por su lado. Defendiendo intereses de toda índole. Menos los de la nación; los de los colombianos en general; los de un país incluyente, que lo sea para todos.

     Así se percibe durante estos días en que todos a una mancillan, una y otra vez, el nombre de la patria, que no tienen y que dicen defender. Ahí están sus declaraciones a través de las tribunas que, también por intereses, les sirven de bocina para que irrespeten a los colombianos con sus falsas posiciones, y aún más mentirosos argumentos. ¡Están vencidos! Han quedado al desnudo sobre lo que en verdad son: corruptos y mendaces que se infiltraron en las instituciones para ponerlas al servicio de sus ambiciones.

      ¡Cómo me duele Colombia, compañeros!, exclamó el poeta. Colombia, patria querida, verdad que tienes grandeza; no te han podido acabar tanta rapiña y fiereza… pero lo que más me duele es que no tomes conciencia; escribió el compositor. Igual que hoy claman y escriben millones de compatriotas anonadados del tamaño de la podredumbre que defienden como gatos patas arriba los detentadores de este poder sinuoso.

      Ya vendrán los ‘corruptos’ (caciques escribió), y con ellos quien nos convenza, que al fin padres salvadores no legó la providencia, continuó el artista. Porque la pregunta es si este pueblo seguirá creyendo que Pretelt es objeto de un complot para sacarlo de la magistratura porque Santos quiere una corte cortesana. Que Ordónez de verdad defiende la moralidad de este país cuando continuamos siendo el quinto  con las instituciones más corrompidas del mundo. O si  representa los intereses de las víctimas en el escabroso proceso de paz cuando no ha abierto, que se sepa, investigaciones contra los servidores públicos, conocidos, que hacen lo imposible por enredar desde los organismos oficiales respectivos la ley de restitución de tierras. Si se entromete y pontifica porque de verdad quiere un acuerdo sin impunidad cuando a renglón seguido defiende la inocencia de delincuentes de cuello blanco condenados por la Corte con base en pruebas irrefutables.

      Y qué decir de mis generales y coroneles retirados, que dirigieron la guerra pero no participaron de ella, y que parecieran seguirla dirigiendo, que igual requiebran o vociferan contra el proceso de Santos con las guerrillas buscando de la misma manera proteger sus intereses asidos a briznas deleznables. Habrán hablado o escuchado las opiniones que sobre la guerra tienen los miles de combatientes inválidos, minusválidos, tarados o abandonados a su suerte  al cuido de sus familias, del  glorioso ejército que dicen defender. ¡Cuánto daño causaron en sus conciencias los enlatados de la seguridad nacional y el enemigo interno embalados en la Escuela de las Américas!

      Y el etcétera Uribe, que divide para volver a reinar sobre las cenizas de dos nefastos gobiernos, le dolerá la patria como suele decir. Pues, si les duele tanto: ¡por sus madres, por sus hijos; por respeto al pueblo, dejen a Colombia en paz, carajo!

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