Inicio Opinion  Tiro de Chorro: Una agenda para la  vida

 Tiro de Chorro: Una agenda para la  vida

Edgardo Mendoza, columnista.

La memoria humana, tan selectiva muchas veces, tan caprichosa en otras, es aún indefinible. Hoy cuando la novela del más grande ídolo del vallenato, tiene a miles de seguidores viajando por los pueblos guajiros del sur, especialmente La Junta, La Peña,  Patillal, cuyos paisajes muestra la televisión, y la música del “Cacique” se repite en nuestra mente como  un nuevo montón de recuerdos felices con inmensas ganas de multiplicarse.

De nada valió la famosa ruta de juglares de políticos y gobiernos, ésta se está haciendo real, es decir por el pueblo, sin guías y sin paraderos obligatorios. Aquí cada canción es un promotor.

Pero la música y con su psicología implícita,  muchas veces necesitan  un vehículo palpable, real, revisable y vivo, como los libros y para el caso concreto, una agenda, producto del editor, periodista, investigador e infatigable amigo Rafael Oñate Rivero, cuyo aporte al folclor vallenato, en cuestiones literarias y documentales es innegable.

Nos presenta Rafa, un homenaje  en forma de agenda, “Diomedes vive” donde en cada página  de los 365 días del año, solo encontramos buenos hechos, como cantaba el gran Diomedes, de cuya desaparición física nos cuesta acostumbrarnos en los años venideros.

No es costumbre de Tiro de Chorro, aplaudir cosas, pero se necesita ser ciego total, es decir de visión y mente para no reconocer un buen producto, de un gran cesarense. Y se eso se trata. Bastante palo hemos dado, bastante limón y miel ha corrido por páginas y programas, pero un panal de miel completo, una vez al año, jamás hará daño.

Cuando abrimos la primera página del libro-agenda, aparece un cacique vestido de banco y con él nueve señores acordeoneros que estuvieron a su lado; unos para sus pasos iniciales como “Naferito” Durán y  “Debe” López, luego llegan para su consagración como el rey de reyes “Colacho” Mendoza y “Juancho” Rois, con quienes realizó sus mejores jornadas y conquistó su gran fanaticada. Algunos como el buen “Cocha” Molina a quien el artista consideró como su pechiche familiar y otros como Iván Zuleta, De la Espriella, Franco Arguelles y Alvarito López que bebieron de ese inmenso mar de la fama por simple capricho del destino de un hombre a quien tanto quisimos y nos correspondió a punta de versos.

Luego encontramos una biografía del cantante y su discografía llena de títulos, hasta llegar a la página 12 donde el Cacique posa como lo que fue: Una gran estrella. El solo verla nos recuerda  lugares llenos, iniciando y despidiéndose, momento que nunca supimos diferenciar.

En las páginas siguientes encontramos la letra de sus primeros cantos que en silencio tarareamos y sentidos que los años 80 fueron más que felices y así en cada recorrido de sus páginas  vamos encontrando pinturas y fotografías del ídolo, con sus gestos naturales y sus sueños inmortales. El rostro de la vieja Elvira, su madre, con su mirada de herencia musical, su padre Rafael María, con su sombrero de campesino bueno y noble y al final con un mosaico de sus colegas cantantes y compositores, mostrando que el folclor es de tantos, pero pocos tienen esa carga de magia natural que algún dios entrega a sus preferidos por montones.

En cada página está un recuerdo, en cada canto hay kilos de emociones que sin importar generaciones nos transforman. Abril por ejemplo, inicia con la canción “Por no perderte” ahí asoman para los lectores, la primeras ganas de seguir y dejar lo que se estaba haciendo, para meterse en otra vaina que puede ser parranda, o la añoranza de quien se fue, pero que somos incapaces de olvidar. “El regreso del Cóndor”, “Titulo de amor” o “Yo soy mundial” ya es para llenar la sala. “Mi primera cana”, es entonces para destapar la botella más cercana, sea vino o cualquier licor, el precio es lo de menos.

Definitivamente con “El Cacique vive” el documento deja de ser papel y se convierte en algo personal, casi pasional de cada día del año “diomedista” que son todos los venideros.

Confieso que muchas agendas y de varios motivos han pasado por mis manos, pero ésta es excepcional. Un regalo para uno mismo que incluso puede compartirse sin riesgo, pero con algo de recelo porque la colección tiene el sello de la exclusividad. Diomedes Díaz, definitivamente fue único, como este producto editorial, realizado por un vallenato que como sus congéneres deja la huella en el playón en forma de corazón.

Por: Edgardo Mendoza Guerra

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